Este
relato me sucedió hace unos cuantos de años, una vez que me hospitalizaron
porque tuve un ataque de albúminas, permanecí allí un par de semanas, las
cuales se me hicieron muy pesadas y largas. Estaba en un Hospital privado, y en
la habitación había únicamente una cama, pues eran individuales, solía tener
un familiar a mi lado para que me asistiera por si necesitaba algo. A los pocos
días ya conocía a todo el personal, tanto a sanitarias como celadores, y fui
cogiendo confianza con ellos, aunque con una enfermera más que con ninguna, solíamos
flirtear, y cuando estaba su turno era el mejor para mí.
Ya a
finales de mi estancia en el Hospital, una noche me quedé solo, pues nadie se
pudo quedar conmigo, me puse a leer una revista que había por allí, y más que
nada me recreaba en ver los anuncios de ropa interior y cosas similares, pues
llevaba ya muchos días encerrado allí, incluso aprovechando que nadie estaba
me empecé a acariciar el pene, busqué algunas fotos donde salieran chicas en
traje de baño o que enseñaran su cuerpo con ropa ajustada y una vez
encontradas me empecé a masturbar debajo de las sábanas.
En esas
estaba cuando repentinamente llegó una enfermera, era Manuela, con la que solía
flirtear, tenía sobre unos veinticinco años, morena, delgada, estatura media,
cuerpo normal, sin destacarle nada en especial. Me encontró en plena masturbación,
me cogió por sorpresa, intenté ocultar lo que hacía y las revistas, pero al
estar boca arriba, la bata y la sabana no tapaban mi excitada verga, me moría
de vergüenza.
Ella al
verme sonrió, se acercó a darme una medicina, y me preguntó si me sentía
bien, moví la cabeza en forma afirmativa, me preguntó si estaba solo, y le
dije que nadie se quedó hoy, Manuela me dijo que me iba a poner una inyección,
me puse de lado sobre la cama, ella desabrochó la bata por detrás
completamente, dejando esa parte desnuda, yo seguía con mi polla empalmada.
Manuela
tomó un algodón sin alcohol y lo pasó por mis nalgas, normalmente eso se hace
en segundos, pero en esta ocasión tardó mucho más de lo normal, pasaba el
algodón por mis nalgas, por el centro de mis nalgas, rozando mis testículos.
Tras esto, soltó el algodón y empezó a acariciarme los testículos
descaradamente y con la otra mano acariciaba mi culo y mis nalgas, a la vez que
me decía que tenía un problema, y que me lo iba a resolver ella, yo me quedé
inmóvil, no sabía que hacer y me dejé hacer. Manuela siguió masajeando mis
testículos y mi culo un buen rato, yo estaba excitadísimo, incluso a punto de
reventar y soltar mi leche.
Pasado un tiempo, ella me ordenó que me diese la vuelta, y la mirase a ella, lo
hice rápidamente, levantó mi bata, y tomó mi verga con la mano,
inmediatamente se puso a lamerla con la lengua, para finalmente unos segundos
después metérsela totalmente en su boca, le llenaba su boca de mi miembro. Era
una experta mamadora, lo hacía muy bien, succionaba mi polla con mucho ritmo,
se veía que disfrutaba con aquello.
¿Sabe que puede
agrandar su pene usando sólo unos simples ejercicios y técnicas?
Todo lo que necesita son sólo unos pocos minutos al día y los
resultados son permanentes. Puede parecer difícil de creer, pero
funciona. Este método es 100% Natural, sin Bombas de vacío, Píldoras
o aparatos mágicos, y por supuesto sin Cirugía. Algunos hombres han
experimentado aumentos de hasta 10 cm.! Lo mejor de todo es que la
mayoría de ellos obtienen resultados dentro de las primeras 2 ó 3
semanas.
Minutos
después, Manuela me pidió que apagara la luz, lo hice, no se veía nada, ella
se apartó de mí, la podía oír bajarse las bragas, para posteriormente
subirse en la cama, se sentó encima de mí, como si estuviera montando un
caballo, se introdujo mi verga en su coñito, toda por dentro estaba húmeda,
tenía la vagina muy lubricada, pude tocarla y aun llevaba por completo el
uniforme, sólo se había quitado las bragas, la falda aun la mantenía. Mi
verga se perdía en su coñito en cada salto, ella gemía de placer, yo también,
estaba penetrándola, cada vez lo hacía más rápido, ella sabía que no tenía
mucho tiempo, pues tenía que irse a otras habitaciones, así que lo hacía muy
velozmente, deseosa de que termináramos rápido, no aguanté mucho más, y a
los pocos minutos de estarla penetrando eyaculé gran cantidad de semen, todo mi
cuerpo se convulsionó, di incluso algún que otro grito de placer, Manuela se
reía, se acercaba a mí, me abrazaba, mientras seguía cabalgando, me empezó a
besar en la boca, metiendo su lengua y buscando la mía, ella seguía encima,
con un ritmo infernal, hasta que instantes después tuvo un gran sonoro orgasmo,
respiraba rápida y ruidosamente.
Permanecimos
un rato en esa postura, abrazados, dándonos caricias, hasta que ella me dijo
que se tenía que ir a visitar otras habitaciones, y cuando terminase eso, debía
ir a urgencias a buscar las píldoras anticonceptivas para tomárselas, eso me
dejó petrificado, aunque se veía que para ella lo de la píldora no era
ninguna novedad.
Cuando
terminó de arreglarse, me dio un pequeño beso en la frente y me ordenó que me
durmiera, eso hice. Estuve unos cuantos de días más, pero no la vi más a
ella, tendría días de descanso.