Los pasillos
del hospital cada vez que pasaba se calentaban,
hasta tal punto, que siempre la
tenía dura
Llegó
el día lunes. Me levanté muy temprano y conduje directo, de mi casa al
Sanatorio. Decidí llevar mi auto, ya que con Ricardo, el amigo de mi familia,
se nos había asignados turnos diferentes, y la locomoción en ese lugar, es pésima.
Llevaba mi ropa limpia para la semana, y por supuesto, mi cámara fotográfica,
y la filmadora de mi hermano, para ver si podía obtener algunas fotos de
“Madona”. Además había conseguido un bigote postizo, para asegurarme que
la muchacha después que me viera trabajando, no me reconociera.
Al llegar al Hospital, me puse de inmediato a trabajar. Como a eso de las 10 de
la mañana, me tomé un descanso y salí a mi balcón a tomarme un café y a
fumar un cigarrillo. Abajo los locos se paseaban tomando el sol de la mañana.
Es increíble la diferencia en el aire de esta zona, la
tranquilidad del lugar, sin ruidos molestos, y eso, considerando el lugar donde
estaba trabajando.
Aproveché
la oportunidad de tomar algunas fotografías, para anexarlas dentro de mi
Tesis.
Unos locos abajo me pidieron que les tomara unas fotos a ellos.
Luego de hacerlo, se mataron de la risa y quedaron muy contentos.
Cerca de la hora de colación, busque a José, y le comenté mi diabólico plan.
El lo encontró genial, y me dijo que me seguiría ayudando.
Quedamos de acuerdo de realizar lo mismo de la otra semana, a la misma hora, que
es la hora en que el hospital está más tranquilo, ya que la mayoría duerme
siesta después de almuerzo, incluyendo a algunos doctores y enfermeras.
Como ya conocía el escondite secreto de José, me dirigí yo solo al lugar, con
la llave que José ya me había pasado, con mi cámara, mis
bigotes falsos, mi filmadora y un Trípode para montar toda una escenografía, y
obviamente instalar la filmadora.
Abrí la bodega e instalé la filmadora en la pequeña habitación, dejando
dentro de mi bolso, mi delantal blanco.
Al poco rato de entrar a la bodega, llega José con Madona.
Tal cual como José me lo había advertido, la muchacha ni siquiera se acordaba
de mi. Ahora yo más
confiado, y con mis
bigotes puestos, comencé a hacerle un entrevista, igual como lo hubiese echo un
reportero profesional. Luego de unas preguntas, le propuse que pasáramos a la
habitación de atrás, donde la luz era mejor, para tomarle algunas fotografías.
Ella, muy contenta accedió. Luego de una fotos, siempre alabando su cuerpo, le
pedí que se sacara la ropa para hacerle unos desnudos artísticos. Ella comenzó
a sacarse la ropa, (nada de sensual , por lo demás) hasta quedar completamente
desnuda. Le pedí que hiciera, cuantas
poses
se me ocurrían,
cada vez siendo más
y más
provocativa. En 90 grados, con sus manos abriéndose las nalgas, con las pierna
abiertas masturbándose,
etc. Cuando ya había tomado una cantidad de fotos suficientes, le pregunté si
tomarse esas fotos desnudas no le daban ganas de hacer el amor.
Me respondió que si, y me preguntó si yo quería hacer el amor con ella.
Como ustedes ya suponen, en un minuto estaba desnudo y comencé a hacérselo, de
todas las formas que se me ocurrían, montado arriba, abajo, por detrás,
siempre preocupándome que su cara estuviese mirando hacia mi cámara. Esta vez,
a diferencia
de la anterior, noté que ella estaba disfrutando de verdad, y
dándole
muy duró, logre hacerla acabar dos veces. Como a los 20 minutos, yo ya estaba
listo para acabar y como gran final para mi película, terminé acabando en su
boca.
Ella sin ningún asco se tragó todo mi semen.
Luego de acabar, me levanté, tomé mi celular y llamé a José. Mientras
él
llegaba, detuve la filmación y comencé a vestirme. Ella me preguntaba en que
revista saldrían publicadas las fotos. No se ni que nombre le dí, pero quedó
muy contenta.
Al llegar José, yo ya me encontraba vestido. El me sugirió que dejáramos el
trípode en ese lugar, para no despertar sospechas al andar con el paseándonos
por el Sanatorio. Metí mis implementos dentro de mi bolso, y al igual que la
vez anterior me retiré dejando a José con la muchacha.
Vuelvo a mi oficina y al poco rato, veo a Madona nuevamente paseando por el jardín.
Como si nada hubiera pasado.
¿Sabe que puede
agrandar su pene usando sólo unos simples ejercicios y técnicas?
Todo lo que necesita son sólo unos pocos minutos al día y los
resultados son permanentes. Puede parecer difícil de creer, pero
funciona. Este método es 100% Natural, sin Bombas de vacío, Píldoras
o aparatos mágicos, y por supuesto sin Cirugía. Algunos hombres han
experimentado aumentos de hasta 10 cm.! Lo mejor de todo es que la
mayoría de ellos obtienen resultados dentro de las primeras 2 ó 3
semanas.
Esa tarde, me encontraba en el pabellón de los pacientes agresivos, que no se
lo recomiendo a nadie, cuando un enfermo le dá uno de sus ataques e intenta
agredir a uno de los enfermeros, aun estando con camisa de fuerza. Otro
enfermero que se encontraba ayudándolo, de un empujón lo bota a tierra, y
mientras lo sujeta con su pierna sobre el pecho, el enfermero agredido, saca de
su bolsillo una jeringa y le inyecta un liquido que a los pocos minutos, lo deja
completamente sedado.
El paciente es tomado de las piernas y sus hombros, y es llevado a un colchón,
en el piso, ya que no se puede dejar a alguien con camisa sobre una camilla.
No les puedo negar que en ese momento, la escena y los ritos me asustaron mucho.
Aun cuando en la universidad te enseñan a tratar a una persona así, vivirlo en
directo, es completamente distinto. El Doctor que se encontraba conmigo en ese
momento, me comentó
cuando lo iban a inyectar, que ese medicamento, lo dejaría completamente
inconsciente por una hora aproximadamente. Yo vislumbré inmediatamente una
interesante y nueva herramienta a mis futuras investigaciones secretas.
Disimuladamente le fui sacando información al doctor, sobre el tipo de
medicamento, las dosis que le suministraban, efectos secundarios,
contraindicaciones,
etc. Incluso me mencionó que el mismo medicamento se encontraba en pastillas.
Al otro día, mientras me encontraba en uno de mis tantos descansos, veo a José
barriendo. El me vé y me saluda. Me acerco a platicar un rato con él
y comentarle mi nueva idea.
Le pregunté cuál era
la factibilidad
de que
me consiguiera ese tipo de medicamentos en farmacia. Me dijo que no existía
ningún problema, ya que podía ingresar al momento que los muchachos estuviesen
por irse a colación.
Esa misma tarde tenía los medicamentos en mi poder, ahora solo hacía falta
encontrar a la víctima.