Recuerdo con claridad
aquel día que a las 7 de la mañana me levanté para
bañarme, tenía 21 años y nunca me gustó afeitarme ni los sobacos ni piernas
y por supuesto tampoco mi muy tupido y negro almohadón púbico.
Soy
enfermera y hace unos dos años me inicié
en mi profesión en un hospital privado de la ciudad de México.
Recuerdo con claridad aquel día que a las siete de la mañana me levanté para
bañarme, tenía 21 años y nunca me gustó afeitarme ni los sobacos ni piernas
y por supuesto tampoco mi muy tupido y negro almohadón púbico.
Salí con mis medias blancas nuevas, y un vestido hasta la rodilla, mis piernas
son suculentas, cuando me masturbo
lo puedo notar; mis tetas son pequeñas y con un pezón negro paradito, siempre
intento agacharme para que asome
mi brasier y que me observen, cosa que me excita sobremanera cuando noto que
causo erecciones entre mis compañeros de trabajo.
Es un hospital elegante, donde me tocaba atender en el área de recuperación de
traumatismos, aquel día era soleado y agradable, y pude mirar a un chico de
veinte años que junto con su madre, una elegante mujer, llegaban en un lujoso
Mercedes
a emergencias; se había roto una pierna mientras bajaba a toda velocidad en su
bicicleta de montaña.
Me llamó mi supervisora, una mujer de cincuenta años, seria pero buena amiga,
y me pidió que asistiera al muchacho a quien tendrían que poner un clavo en la
tibia y estaría en recuperación durante una semana.
Subí a ver a mi primer paciente, entré después de tocar la puerta y en ese
momento su madre,
con
un perfume suculento y con excelente porte me saludó y salió del cuarto.
Entonces me presenté
con Jorge, el chico con la pierna rota, le dije que mi nombre era Paty y que le
ayudaría en lo que necesitara,
en ese momento lo que tocaba era proceder a asistirlo en limpiar la zona de
cirugía y en proceder a evacuar sus intestinos por lo de la anestesia, para lo
cual le dije tendría que insertar un supositorio.
Era un chico atlético, rubio y muy buena gente; estando yo a su lado se
desvistió dejando ver un pene muy atractivo, ancho y con una cabeza que parecía
suave y estaba segura encajaría perfectamente en mi pequeño ano. Observando su
pene quise ver el volumen de sus huevos, y se me ocurrió que podría tocarlos
mientras introducía el pequeño supositorio por su peludo ano. Le pedí que se
acostara de lado doblando la rodilla, entonces metí mi mano y sosteniendo sus
huevos hice como que era necesario para meter el supositorio que por supuesto
entraba con gran facilidad sin tener que tocar sus partes pero lo hice con gran
placer, incluso acerque mi nariz para poder oler su ano, que tenía un suculento
aroma a los restos de caca que había dejado después de haber ido al baño, no
hubiera dudado en lamer su culo.
Llegue al día siguiente a mi guardia por la mañana; tocaba bañar a mi nuevo
amigo, entré
a despertarle y le dije que le bañaría, se paró y pude notar su verga con una
semi erección que quiso cubrir con la bata médica
que tenía puesta. Rápidamente se la quité
sin decir nada y le ayudé
a caminar a la tina, que ya se estaba llenando. Quedó
entonces frente a mi dentro del pequeño baño desnudo y con su pene a media
erección a un centímetro de mi cara, de hecho podía oler restos de orina de
su rica manguera, colgándole libremente.
¿Sabe que puede
agrandar su pene usando sólo unos simples ejercicios y técnicas?
Todo lo que necesita son sólo unos pocos minutos al día y los
resultados son permanentes. Puede parecer difícil de creer, pero
funciona. Este método es 100% Natural, sin Bombas de vacío, Píldoras
o aparatos mágicos, y por supuesto sin Cirugía. Algunos hombres han
experimentado aumentos de hasta 10 cm.! Lo mejor de todo es que la
mayoría de ellos obtienen resultados dentro de las primeras 2 ó 3
semanas.
Se metió al agua y en seguida enjaboné
su espalda, pecho, brazos, pies, rodillas y deje al final su verga. Era la
primera vez que bañaba a un hombre, así que cuando sostuve ese pedazo de carne
mis labios vaginales se abrieron y empezaron a lubricar sobre mis medias; la
verga se puso dura y creció al triple del tamaño, lo cual me llamó la atención,
pregunté
a Jorge que era lo que pasaba y el dijo que estaba súper caliente de que le
tocara sus partes que por favor le ayudara.
Me hice la ofendida y seque mi mano y me paré,
el me pidió perdón pero su vergota seguía parada, le dije que saliera que lo
iba a secar. Al pararse su pistola me pegó en la cara y me reí.
Me arrodillé
y quedé justo frente a su vergota; empecé a secar su culo, de manera que mi
mejilla tocara su órgano, se le endureció y fue poniéndose erecto; nunca había
visto algo igual. Estaba yo muy excitada, de manera que lo sostuve con mis manos
y lo masturbé, pero a la mitad del viaje decidí mamársela,
y finalmente decidí dejar que me la metiera, antes de que terminara me desnudé
por completo y él me pidió que orinara sobre su cara (algo que me pareció muy
raro pero que me encantó), yo le pedí que hiciera lo mismo y cual fue mi
sorpresa que me bebí todo su delicioso pipi.
Me voltee y me la metió de perrito, me vine cuatro veces antes de que él
lanzara su leche en mis tetas.
Después de él he tratado de hacer lo mismo con todos los pacientes, sépanlo
bien, todas las enfermeras somos muy calientes y nos encanta mamar y estirar
vergas, la próxima vez que estén en un hospital no pierdan la oportunidad.