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ÉL ERA ERNESTO

Yo soy médico y él era Ernesto...

Todo empieza con un relato de Edy que apareció no hace mucho tiempo, me trajo recuerdos de alguna época en que entraba en el camino de mi bisexualidad, y se me ocurrió compartirlo primero con él y ahora con todos, como quedó bastante cachondo me parece que les puede gustar: Cambiaré nombres para mantener la privacidad.

Hola Edy:

Acabo de leer tu relato fantasía y me recalentó, yo tengo una historia bastante parecida a tu fantasía, ésta fue realidad hace algunos años y hoy es un recuerdo imborrable.

Vivo en Argentina

Yo soy médico y él era Ernesto…

Yo trabajaba en una clínica muy chiquita cercana a la capital de mi país, una vez por semana yo cumplía una guardia, durante el día además de la guardia funcionaban otros consultorios a cargo de otros profesionales, pero luego de las 20 horas sólo quedaba el médico de guardia. Cuando todos se retiraban y me quedaba solo, Ernesto (después aprendería su nombre) se paraba en la vereda de enfrente cada noche…

Miraba insistentemente hacia mi ventana y esperaba… sólo esperaba… como si supiese como se escribe esta historia…

Yo era heterosexual, y si bien alguna vez me había parecido atractivo algún muchacho nunca se me hubiera ocurrido ni siquiera una fantasía con alguno, pero este pendejo me provocaba cosas, lo miraba, pero no me animaba a nada. No podía permitirme ese deseo. No porque pudieran sorprenderme en una relación… diría poco conservadora para un varón, yo sabía que excepto algún paciente ocasional nadie vendría, no temía a que me vieran, le temía a mi impulso.

Así pasaron muchas noches, me pajeaba cuando me iba a dormir, a veces pensando en mujeres pero la fantasía de saber que estaría allí enfrente y que pasaría con él, me jugaba alguna sensación placentera: pensamientos libidinosos, fantasías con una dosis de morbo, sensaciones diferentes, incluso descubrirme encontrándome nuevas zonas erógenas.

Cada vez eran más lanzadas (atrevidas) cada vez yo me atrevía a imaginar más  cosas.

Ahora lo pienso y el pendejo me gustaba. Me calentaba y creo que él lo intuía por más que yo le dedicaba sólo alguna displicente mirada que yo creía indiferente.

Una noche tocan el timbre, controlo por la mirilla y veo que es él. El pulso se aceleró, y una sensación excitante me invadió, intuía que pasaría, y decidí dejarme llevar…

Abro la puerta y me dice que quiere una consulta, cuanto costaba, porque no tenía mucho dinero, creo que yo ya me había empalmado para ese momento. Por supuesto le dije en un tono familiar, dando a entender que sabía que era mi espectador nocturno, que no le cobraría, que pasáramos al consultorio. Me llamó por mi nombre (lo conocía) y me dijo que él se llamaba Ernesto.

Yo estaba un poco nervioso, me gustaba y estaba decidido a todo, le pegunté que le pasaba y me relató un dolor de abdomen y malestares vagos. Me sorprendió su edad, pues tenía 18 años (yo 26) pero yo ya no podía con mi calentura, ya no volvería atrás.

Le pedí que se acostara en la camilla para examinarlo, que se quedara solo en calzoncillos, para poder revisarlo mejor. Mientras se quitaba la ropa pude detenerme en mirar su cuerpo: era armónico, bien formado, no muy alto, pero con buenos pectorales y abdomen casi chato, tenía vello en cantidad moderada lo que lo hacía muy atractivo y lo mejor de todo: su culito, redondo, firme, parado, casi hecho para mis dos manos… Así casi desnudo me moría por tocarlo, no tenía muy claro que cosas haría pero quería tocarlo.

Acostado en la camilla empecé a explorar su abdomen, mitad semiología mitad caricia, sentía su piel que era suave pero que se erizaba cuando mi mano la recorría. Exploré su región lumbar con un masaje suave y firme y ausculté su corazón que por cierto latía a mil, no usé estetoscopio, sólo apoyé mi oreja en su tórax para que mi cara roce sus pezones, para sentirlo, para que me sienta… por el ritmo de su corazón él también estaba extasiado.

Se definía claramente un bulto tentador debajo de su slip. Nunca me había detenido en esas cosas, pero con Ernesto funcionaba distinto. Fui explorando la parte superior del abdomen y bajando lentamente con un suave movimiento circular hasta llegar a las ingles. Para explorar mejor introduje mi mano por el borde del slip y mientras palpaba su región inguinal en busca de un ganglio, pude notar como su pija se iba poniendo más que tensa.

Yo no me atrevía a mirarlo. No hablábamos, yo hacia mi trabajo “profesional” y él “pacientemente” se dejaba revisar, pero sentía su mirada que me devoraba.

Cuando lo hago sentar en la camilla para auscultar su espalda me roza la pija con su mano, yo me estremecí, él insistió ahora a mano llena, ya todo estaba jugado, yo le agarré la pija y acaricié sus huevos mientras él acercó sus labios y nos besamos. Para mi era extraño, a esa hora de la noche tenía la barba crecida y me raspó trayéndome a la realidad que estaba apretando con un hombre. Pero estaba muy caliente.

Lo acerqué a mi cuerpo y acaricié su espalda mientras sentía su pija parada contar mi pubis y me moría de placer apretando la mía contra su abdomen, mis manos ya no sabían que acariciar primero, era un desenfreno de caricias y besos, mi lengua buscó la suya, se introdujo en su boca, permitió que la suya entrara en la mía, mis manos acariciaban su cara, su cabeza, lo tomaban fuertemente del cuello para besarlo con más intensidad, bajé mis manos por su espalda y puede tocar esas nalgas tentadoras que tanto deseaba.

Era como lo imaginaba: un culito firme, suave, redondo y paradito, nada me excitaba más que acariciarlo, sentir que la fresca piel de sus nalgas era contenida por mis manos. Despacio se fue arrodillando, me desanudó el pantalón del ambo, sacó mi incontenible pija que asomaba por el bóxer, llena de jugo, al punto de estallar en un orgasmo nunca soñado y me dió la primer mamada que me diera un hombre, sabía como hacerlo…

Me succionó suavemente la cabeza al tiempo que corría firmemente la piel hacia la raíz, recorrió todo el tronco con su boca subiendo y bajando, lamió mis huevos y me estremeció cuando apoyó sus labios en mi periné, volvió para tragársela hasta la garganta, le gustaba hacerlo, se notaba el deleite de sentir la pija en la boca y chuparla: el placer, la calentura, el verlo con tanto deseo me encendía más, cuando estaba por acabar quise retirarme de su boca, me hizo entender que no lo hiciera y acabó profundamente tragándose toda mi leche.

Recosté su cuerpo contra el mío y mientras con una mano lo acariciaba con la otra movía su pija haciéndole una paja hasta que se estremeció sobre mi, y yo, sintiendo por primera vez la leche caliente de un hombre en mi mano.

Desde esa noche me di cuenta que yo no era el mismo… que mi sexualidad podía encontrar otros caminos, que también era capaz de sentir el desenfreno de un macho en celo con un hombre…

Las visitas de Ernesto eran en todas mis guardias. Ya hace un tiempo que no lo veo, ahora vive en EEUU, me llama por teléfono para cada uno de mis cumpleaños… yo extraño esos encuentros.

Autor: Danny
 

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