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BLANCANIEVES Y LOS SIETE AUXILIARES (I)

Primera entrega de una versión actualizada y viciosilla del famoso cuento de Blancanieves

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Esta es la historia de la tía que mejor se lo montaba en la cama del mundo. La que mejor se lo hacia en la cama de toda la Tierra, la bella durmiente Blancanieves. Es la historia de lo que ocurrió a continuación del final del cuento, cuando la princesa Blancanieves que estaba con una beca Erasmus tocándose los cojones -bueno mejor dicho los ovarios- en un bosque alemán compartiendo piso con siete enanitos que eran leñadores, pequeños de tamaño pero con una buena picha hizo la tontería de casarse. Ella se pasó toda la temporada durmiendo y/o en la cama. Ahora con uno, después con otro o con varios a la vez, dependía.

Piense el lector el increíble número de polvos que se pueden echar con siete en veinticuatro horas, Blancanieves  no acababa nunca y por esa causa se acostó un día a dormir, tenia ya un dolor de pelvis que ni las más putas de oficio padecen, cuando atinó a pasar por allí el joven príncipe Polvo Flojo que volvía de un viaje de negocios y que conmovido al verla dormida, tan bella, la besó y al despertarse Blancanieves obnubilada como estaba dijo que sí que se iba con él sin pensárselo y cuando volvió en sí estaba casada y situada en Salamanca ejerciendo de princesa pero solo de 8 a 15 horas con los subnormales babosillos con los que trabajaba.

Su marido el príncipe Picha Floja como su nombre indica follaba poco y mal y por lo tanto jodía bastante, psicológicamente hablando.

Tras más de tres años de convivencia desastrosa donde apenas la follaba una vez al mes, Blancanieves histérica y desesperada una buena noche del mes de julio echó mano de una botella de coca-cola que tenia en la mesilla y comenzó lentamente a toquetearse el coño y poquito a poco, una vez bien lubricada se fue metiendo el tapón, (chicas no se os ocurra hacerlo  sin tapón: se produce un vacío que luego no podéis sacarla, con tapón tampoco lo intentéis, tiene otros inconvenientes) arriba, abajo, izquierda, derecha, y como quien no quiere la cosa con lo caliente que estaba se metió la parte más ancha de una botella de dos litros (comprada en el Pryca por su marido, el borrachuzo, para hacerse los cubatas), y así empezó: ah, ah, joder, oh… …

Estaba chorreando y cada vez disfrutaba más ¡hacia tanto tiempo¡ -recordaba Blancanieves- y tanto insistió que de repente en su vagina se oyó un glub y se trago la mitad de la botella, de la impresión, y el gusto, se desmayó y cuando volvió en sí se encontró al plasta de su marido con cara de horror mirándola y diciendo “¿pero que has hecho Blanquita? ¿y ahora que hacemos, so puta?” Y ella dolorida como estaba pero con la cabeza funcionándole igual de bien que siempre le dijo “llama al Samur  cacho payaso y cuanto antes” (al quedarse encoñada la botella tampoco podía disfrutar  y pensaba “si me hubiera lubricao con vaselina ahora salía”, pero claro ya se sabe que todo lo que no se practica se olvida, con lo estudiao que lo tenía ella todo en la época de los enanos maravillosos.

Minutos después un azorado Picha Delicada recibía al médico del Samur quien pidió urgentemente una ambulancia y dió traslado a la infructuosa Blancanieves y a la botella al Clínico.

Blancanieves preciosa como era y consciente del numerito que se iba a montar en Urgencias todavía le dió tiempo a coger el bolso y emperifollorse un poco, porque es de la opinión compartida con la autora de este bodrio y de su amiga la edukadora chantajeada para que lo escribiera, que si te tienes que lucir o la vas a cagar ya que sea a lo grande, nada de medias tintas ¡fuera la sencillez! ¡abajo la mediocridad¡. Se echó perfume, desodorante, se arregló los ojos, los labios que eran uno de sus fuertes y se puso cachonda con la que estaba cayendo porque bien sabia que iba a ser la Reina de la Noche. En cuanto llegó al Clínico en camilla y espatarrá su box fue el mas visitado, en realidad a los pacientes de Ginecología se les atiende en planta pero en Urgencias no iban a soltar fácilmente este chollito.

“Esta usted muy buena ¿puedo toquetearla un poco y alegrarme así un poco la noche? así a lo mejor le sacamos enseguida la botella y todo”, le dijo al oído un gilipollas que hacia el MIR. Ella por supuesto no tenia ningún impedimento y se dejó, pero nada que no.

Blancanieves tenía un cuerpo de mujer relativamente blandito, ligeramente regordete, algunos de los enanos le decían que era muy cómoda en la cama no como otras que son solo huesos con esas manas de ahora de la delgadez y que en la cama te encuentras solo durezas sin nada suave y blandito a lo que agarrarte, pero a la vez tenía musculatura en las piernas y algunas partes (vamos en concreto ella se había trabajado más los músculos de la pelvis para lo que no tienes que gastar pelas en ningún gimnasio) y un culo respingón que sabia mover con gracia en la cama, en la oficina y donde le daba la gana, a parte por su puesto unas tetas que no eran fáciles de ver por esos mundos, en que las esqueléticas tienen unos balones inflados y las de las gordas son suyas pero no las lucen por otros complejos

A lo que vamos: vino el Adjunto y le pidió lo mismo que el MIR, los médicos no suelen tener mucha imaginación, y ante la autorización de la enferma ¿que iba a hacer? empezó a tocarle el pecho, le sopló suavemente, le pellizcó ligeramente el culo, ella se iba encendiendo (un adjunto, supuestamente sabe más que un mir), pero nada que tampoco salía lo que tenia que salir por lo que el doctor amor le dijo que iba a sacarle el objeto extraño que se había introducido en un ataque de necesidad y llamó a dos celadores que la subieron al quirófano.

Mientras tanto el marido lloroso arreglaba los papeles en Admisión y las autorizaciones previas mientras el administrativo le miraba con guasa contenida y comentaba con la chica de al lado, “pero que necesidades tienen algunas y en vez de vino Rivera del Duero ala con la coca-cola ¡que falta de clase¡”

Cuando a Blancanieves la dejaron sola en el antequirófano llegó su marido y le dijo sin mirarla ”te van a operar porque eso esta muy encajonado y ya he firmado la autorización ¿quieres que llame a alguien de tu familia?” Y ella pensó “so gilipollas a quien de mi familia le voy a contar esto” y entonces se acordó de sus amigos de Alemania que sí tenían sentido del humor y de la jodienda y le pasó el teléfono a su marido diciéndole que los llamara que le apetecía hablar con ellos. Blancanieves no estaba pensando realmente en hablar, sino que como se sentía angustiada ante lo que le esperaba y especialmente el postoperatorio pensaba en los cuerpos tiernos y cariñosos de sus amigos a su lado. En esto estaba cuando  le inyectaron la anestesia y siguió entre nubes pensando en ellos: primero estaba con Calentito, luego con dos que no les veía la cara (adelante y atrás), después con tres (encima, debajo y al lado) luego con cuatro…y finalmente con los siete en la misma cama, ah, eh, uh, ow, wam…

Para cuando la metieron en el quirófano estaba en pleno orgasmo metafórico y el equipo quirúrgico se quedó pensando al verla “¡lo que está sufriendo la pobre¡“ (ya se sabe que los diagnósticos no son fiables al 100 por 100).

Al quitarle la sabana y descubrir la bebida supuestamente refrescante la enfermera pensó ”que bestia” el cirujano ”que bella”, el médico ayudante ”que cuerpo” y los demás, ligeramente menos cachondos ”que horror y que necesidad”.

Pero el cirujano jefe cortó todos los comentarios antes de que salieran diciendo ”señores somos profesionales y estamos en el quirófano y por tanto a la tarea” y como un vikingo se abalanzó sobre el dormido cuerpo de Blancanieves (¡esta chica tenía peligro despierta pero dormida es mejor pasar de largo y no verla¡) que jadeaba suavemente pensando en el señor Erasmus.

Al cirujano jefe en cuanto separó un poco uno de los labios de Blancanieves de la botella se le empinó su miembro y empezó a sudar y a ponerse cada vez mas nervioso pensando en acabar la operación lo antes posible, pero no podía dejar de pensar en el sexo de la paciente, tuvo que separarse de la mesa de operaciones porque chocaba con ella su parte mas prominente y ya se veía ridiculizado por su compañeros, tan guasones ellos por una buena temporada.

La enfermera jefe, sin enterarse del todo lo veía nervioso y pensaba ”estos tíos mayores solo piensan en meterla y sacar algo y encima de estas características no les entra en la cabeza” (hay que aclarar que esta enfermera iba a terapia con un sicoanalista argentino profesor de la Ponti que todo lo racionalizaba y por eso disfrutaba poco de la vida a parte de lo harta que estaba de los médicos, tan gilipollas ellos).

A la media hora cuando no había avanzado nada la intervención pero todo el equipo médico estaba empalmao, los sueños de Blancanieves consiguieron que la botella saliera sola de golpe y el equipo médico respirara aliviao y pensando lo bien que lo habían hecho pero la marisabidilla de la enfermera preguntó “¿y no nos dijo la enferma que la botella se la introdujo con tapón?” Entonces decidieron tomarse un respiro para cenar y continuar después.

Como quiera que el cirujano jefe no podía aguantar mas les dijo a todos que fueran saliendo y como no lo hacían ya les grito ”iros cabrones que ésta es pa mi que soy el jefe y mando aquí” Al final fueron saliendo pero el comentario más fino fue ”si ella quiere cabrón, que es mucha mujer para ti”. Por supuesto se quedaron detrás de la puerta escuchando.

El ciruano jefe se desnudó, se frotó bien el miembro y con la lengua empezó a chuperretear el cuerpo de Blancanieves, ella que estaba obnubilada, para variar, sí empezó a sentir algo, pero no se aclaraba si sus amigos la habían venido a ver o qué. El cirujano ya le había chupado todo lo más visible y estaba en el punto g, el h, el i y la j de joder que ya tocaba. Tanto chupó que de repente se encontró con el sabor de la coca-cola y notó que había sacado el tapón, los galenos a veces aciertan cuando ni ellos se lo esperan. Del grito que pegó los del equipo pensaron que ya había rematao” que flojo es este tío ”y entraron en tropel a por su parte. A todo esto en Alemania en su casita del bosque los enanitos recibieron la llamada del marido de la bella diciéndoles en un alemán macarrónico que Blancanieves estaba “enferma”, ingresada en el hospital y que quería verlos. Ellos extrañados comentaron que como después de tanto tiempo y el marido insistió en que últimamente estaba muy rara y quería verlos. Ellos le dijeron que les enviara los billetes para ir a España, al fin y al cabo él era el príncipe y ellos unos simples curritos.

Y colorín, colorado este no es el fin pero sí un intermedio.

Continuará en próximas semanas: ¿Vendrán los enanitos a España a ver a Blancanieves? ¿Su marido conseguirá superar el ridículo en una ciudad tan pequeña donde todo se sabe? ¿El equipo médico se cepillará a la moza o se quedara con las ganas como casi siempre?

Ya saben amigos conéctense en días posteriores a la página… Estoy esforzándome por ponerles cachondos...

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