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EN LA SALA DE ESPERA DEL GINECÓLOGO

Historia de un guampudo en la sala de espera del ginecólogo de su mujer

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La semana pasada acompañé a mi mujer al ginecólogo, resulta que fuimos como a las seis y media pero cuando salió la penúltima paciente ya había oscurecido. Eran como las ocho y media de la noche .Le tocó el turno a mi  mujer, pero yo no quise entrar con ella para no sentirme un  pelotudo esperando a que un tipo le meta los dedos en la concha. Bueno la cuestión es que entró, y  yo sentía cierto morbo, a que ella se calentara con el  médico. Y el solo hecho de pensar que un tipo la iba a poner con la concha abierta, y le iba a meter los dedos me calentaba.

Claro quiero aclarar que no es la primera vez que mi mujer va al ginecólogo, lo que pasa es que siempre fue atendida por una ginecóloga, pero por cuestiones de mala atención decidió cambiar y por aquí no hay doctoras de esa especialidad a si que por eso era la primera vez que iba a ser atendida por un doctor, en sus partes mas íntimas. Ella siempre se negaba a esta situación pero últimamente, me parece que a ella también le provocaba el mismo morbo que a mí,  por supuesto no me lo iba a decir.

La cuestión es que ni bien entró mi señora al  consultorio noté que el mismo tenía una ventana de vidrio espejado con una persiana subida hasta la mitad, que daba a un pequeño el patio de invierno, y como justo había oscurecido, se veía el consultorio pero no bien, pues la ventana estaba  en una de las paredes laterales. Para poder ver era necesario entrar en ese pequeño patio. Entonces como en la sala de espera no había nadie, me levante y toque la puerta del  pequeño jardín y este se abrió lentamente, me cercioré que no hubiera nadie, en el pasillo que hacía de sala de espera, puesto que me causaría una gran vergüenza andar espiando, y efectivamente estaba solo, dado que éramos los últimos en ser atendidos. Entré al  pequeño jardín, como disimulando que iba a mirar las plantas, por si alguien aparecía de improviso. Allí me di cuenta que como en el consultorio había luz y donde yo estaba no, el Dr., o mi mujer no se iban a dar cuenta que los estaba espiando- Yo podía ver hacia adentro pero ellos no para afuera. Yo calculo que el Dr., no reparó en este detalle puesto que si atiende de día el efecto es contrario, no se puede ver para adentro del consultorio, pero como se había hecho de noche el efecto era el contrario, la persiana estaba abierta por la mitad y había tal vez olvidado cerrarla.

Cuando me di cuenta de la situación que estaba viviendo el corazón me empezó a golpear fuertemente el pecho y se me paró la pija como una viga. En realidad aunque no pasara nada a mi me excitaba igual, el hecho de ver a mi mujer con la concha abierta y que la revise un Dr., y mi conciencia me hacía sentir un enfermo mental, por tales sentimientos que eran más fuerte que yo.

Bueno me pongo frente la ventana a pesar de ellos y justo veo a mi  mujer que ya se había sacado la campera y se estaba sacando los pantalones, tenía una camiseta blanca traslúcida que le dejaba ver los pezones parados, me llamó la atención porque cuando salimos de casa tenía corpiño, y yo me preguntaba en que momento se lo había sacado. Porque conmigo se hizo la que le daba vergüenza que la revise un doctor y por eso se había puesto un corpiño. Pero parece, que eso lo dijo solo para mí, puesto que en algún momento se lo había sacado, con toda la intención de que se le vean los pezones, y los tenía parados como nunca. En fin, acto seguido, otra sorpresa, ella siempre usa unas bombachas de mierda, que más que bombachas son  bombachudos, y para la ocasión llevaba una tanga negra de encajes que se le metía en el orto, cosa que conmigo no usaba. Eso me dio la pauta de que la muy hija de puta, lejos de darle vergüenza como a mi me lo había manifestado, también la excitaba la visita al ginecólogo y mal que mal, quería que la viera atractiva.

Bueno se saca la tanga de encaje negro y se sienta en la camilla pone los pies en los apoya pies y queda con la concha bien abierta ante el médico y yo que estaba espiando cómodamente por la ventana espejada. Yo podía escuchar muy poco lo que hablaban, algunas palabras las casaba y otras no., bueno el Dr., hace la inspección de rutina le mete dos dedos en la vagina y con la otra mano le apretaba el vientre, hasta ahí todo bien aunque a mi me excitaba igual sobremanera. La pija la tenía al moño, y me sentía culpable por estar espiando esperando que pase lo que no iba a pasar, hasta que de pronto me di cuenta que el ginecólogo tenía una manera media rara de hacer tacto. Resulta que el  médico le había metido en la vagina de mi mujer el dedo índice y medio, mientras que el meñique y anular se lo apoyaba en el ano, el pulgar se lo apoyaba justo en el clítoris. Yo me dije, esto no está bien, el muy hijo de puta se está haciendo el vivo con mi señora. La cuestión es que empezó a mover la mano rápidamente de manera que le pajeaba el clítoris, la vagina y el ano al mismo tiempo con una sola mano. Mi mujer se sobresaltó abrió los ojos y se agarró del  borde de la camilla con las dos manos pero el Doctor le dijo que se relajara, que necesitaba que se le humedezca un poco la vagina para poder hacer un exudado. También le preguntó si yo la estaba esperando afuera. Y luego de la respuesta, le dijo, tu marido que espere, y siguió haciéndole esa bruta paja. A mi  mujer, le empezó a cambiar la cara y comenzó a gemir como cuando hacemos el amor. La cuestión que el doctor siguió con la paja en el clítoris, vagina y ano de mi mujer hasta que noté como mi mujer se empezó a estremecer y pegaba unos gritos apagados como para que no se escuchen de afuera y se pegó una bruta acabada. Se notó bien que había acabado pero el doctor no le sacaba la mano de la concha y la seguía pajeando frenéticamente, hasta que después de varios estremecimientos más de mi mujer, saca la mano toda humedecida. La cara de mi mujer era una mezcla de vergüenza y satisfacción que yo nunca había observado. Después extrajo el exudado y mi mujer se levantó de la camilla agarrándose la cabeza como no pudiendo creer lo que acababa de suceder. Se había dejado pajear por el médico, ella sabía muy bien que la extracción del exudado no se hacía de esa manera.  Yo salí del patio y me fui a sentar en la sala de espera. Con  la pija totalmente al mango, con alegría y con bronca por lo que había visto. La verdad es que temblaba y no sabía como iba a reaccionar cuando vea a mi  mujer. Aunque yo sabía que me la tenía que comer como un señor. Pasan 10 minutos y mi mujer no salía del consultorio, entonces me encontré en la disyuntiva de ir a espiar o no de nuevo porque ella podría salir en cualquier momento. La cuestión es que me decidí a ir a mirar nuevamente, yo esperaba ver a mi señora vestida hablando con el médico y me encuentro con el espectáculo de mi mujer en cuatro patas en la camilla con el culo a la altura de la cara del médico y este poniéndole crema en el culo, pero también de una forma particular, le bordeaba el ano en circulo y después le metía el dedo hasta el fondo lo volvía a sacar y de nuevo se ponía mas crema, le bordeaba el círculo del ano varias veces desparramando la crema y de nuevo le metía el dedo en el orto hasta el fondo, y así  más o menos por 10 minutos. Yo no lo podía creer y como le masajeaba el ano a mi mujer y además noté que el ano se le había dilatado notablemente. A mi mujer no le podía ver la cara hasta que por allí da vuelta la cabeza mirándolo al doctor con una gesto de gozo, como diciéndole seguí que me estás haciendo gozar. Después el médico dejó de hacer esos círculos en el ano de mi mujer y le metió de golpe tres dedos en el ano hasta en fondo y la empezó a coger con la mano por el orto a gran velocidad, yo pude escuchar uno que otro gemido de mi mujer y escucho que el  médico le pregunta a mi mujer si la podía coger por el orto. Ella le dijo que yo, o sea su marido estaba en la sala de espera, y el doctor le dijo que no se haga problema por mi, que yo espere, que no me iba a enterar. Y ella le dijo que si  que se la coja, y luego agrego que se la coja por el culo y le volvió a insistir que se la coja, ya totalmente desenfrenada... a todo esto el médico seguía con la paja anal y le preguntaba a mi mujer: “que querés que te haga” y ella de decía “cógeme, cógeme el culo, cógeme”... Y así fue que el doctor se subió en la camilla y casi de parado, sin sacarse los pantalones solo peló la pija y se la cojió por el orto a mi mujer, de una forma que yo nunca lo hubiese imaginado, no paraba de cabalgarle el culo y cuando ella acabó le siguió cabalgando el ojete hasta que le provocó otro orgasmo y otro luego otro y mi mujer se agarraba de la los pelos de su cabeza como señal que no aguantaba mas y éste le siguió cabalgando el orto sin parar y la hizo acabar de nuevo, pero esta vez se le escapó un alarido a mi mujer que por poco se escucha en toda la sala de espera.

Yo debo ser medio infeliz, porque nunca pensé que un tipo pudiera cabalgar a un ritmo acelerado sin parar pase lo que pase por más de veinte minutos. Y justo este tipo era el que se la estaba cogiendo a mi mujer.

No lo van a creer, pero yo al ver como se estremecía mi mujer como si le agarrara corriente eléctrica símbolo de que estaba acabando, y eso ocurrió más de cuatro veces, me acabé en seco, sin tocarme la pija, la tenía re parada y me acabé sin tocarla para nada. Por el solo espectáculo que estaba viendo. No lo podía creer el cúmulo de sentimientos encontrados que tenía en ese momento. Por un lado quería matar a mi  mujer y por otro me la quería re cagar culiando por el morbo y la calentura que me había agarrado.

La cuestión es que la cosa no terminó a allí, cuando regresamos a casa yo no sabía como caminar porque estaba todo pegoteado con mi acabada en seco y mi  mujer calculo que tampoco, por la cogida en el orto que le pegó el doctor.

Casi sin hablar regresamos a casa, me contó algunas mentiras de lo que le había dicho el médico y yo siempre traté de insinuar algo sobre la revización para ver si me contaba algo de lo sucedido, pero nada. Bueno, cuando llegamos a casa se fue al baño y yo me hice el distraído y me fui a esperarla en el dormitorio para ver que bombacha tenía, y nada, de nuevo un bombachudo descolorido, y los pezones caídos debajo de una camiseta de algodón amarillenta y se metió en la cama para dormir con la excusa que le dolía la cabeza, y yo... ¿Saben como terminé el día?… Haciéndome una bruta paja en el  baño y la puta madre que los re mil parió.

Autor: Roberto López

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