LOS MONTALVOS - GALERÍA 37 - Capilla y Antiguo Cementerio Del Hospital

 

 

 

La Capilla   En la Capilla del Hospital

 

 

 

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"...Al volver sobre sus pasos y recorrer la fachada norte del edificio principal, la mirada se detiene en un singular anexo que enseguida identifica: la Capilla. El ábside exterior, con sus contrafuertes extravagantes, le recuerda al visitante la arquitectura imaginaria que enmarca los sueños de Little Nemo o aquella de la Metrópolis futurista que describiera Thea Von Harbou. Refuerza la imagen de irrealidad una gran chimenea, de boca rectangular, humeando constantemente, y que le da un aire fabril a la estructura religiosa. Sobre el ábside, alzada en un breve pedestal, más que espadaña, se levantaba una gran cruz que se desmontara a principios del siglo XXI, por temor a su desplome. La iglesia no es del momento fundacional, por eso parece un apéndice extraño a la organización arquitectónica del sanatorio. No figuraba en el proyecto original de Rafael Bergamín. La incluyó el arquitecto Genaro de No como un espacio necesario del recinto hospitalario..."  Del libro Sanatorio de  Los Montalvos: Guía para una Visita.

Capilla Hospital Los Montalvos

"El erudito visitante conoce algo sobre el origen de la Congregación de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, fundada por el sacerdote granadino Juan Zegrí y que han estado dedicadas, entre otras misiones, al cuidado de enfermos tuberculosos."

Del libro Sanatorio de  Los Montalvos: Guía para una Visita


Capilla Hospital Los Montalvos

 

Domingos y Festivos:
10,00 de la Mañana

 

Comunión de Enfermos
y Acompañantes:
Cualquier día
y a cualquier hora en las propias
habitaciones de los pacientes.

Confesiones: Después de la
Misa o a petición expresa en
cualquier momento.

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Unción de Enfermos: A petición
de los interesados, sea el enfermo
o su familia. Háganlo cuanto antes,
no esperen a que el enfermo
esté inconsciente o en agonía.

Virgen de la Merced, patrona del Hospital

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Panorámica Capilla Hospital Los Montalvos

 

 

VIDRIERAS. Lado del Evangelio. El primero de los emblemas son dos aves bebiendo de una fuente, imagen muy representada en el arte cristiano y cuyo significado no es otro que el de las almas cristianas –aves– nutriéndose de la doctrina de Cristo –agua–.

La siguiente imagen vistosamente ataviada y calzada con sandalias lleva el emblema que simboliza a Dios Padre. Es posible que el artista vidriero eligiera al arcángel San Gabriel, cuyo nombre significa «mensajero de Dios», portador de su imagen. Si nos fijamos con atención, el arcángel está en actitud de bendecir.

El siguiente emblema lleva una estrella planeando sobre formas ondeantes. La figura alada viene tocada por una corona de laurel. Aquí también debemos hablar del tratamiento especial de su indumentaria. Ésta se compone de dos piezas: el brazo izquierdo deja al descubierto una serie de pliegues cuya disposición recuerdan al caparazón de una concha. Y para la túnica el artista ha recurrido a la técnica del paño húmedo como si fuera una Venus surgida de las aguas marinas. Estamos ante la representación alegórica de la Stella Maris, estrella del mar, una de las letanías que acompaña a la representación de la Virgen Inmaculada Concepción. Este emblema y el anteriormente comentado formarían parte de una misma escena, la de la Anunciación, estando también incluida en ella la siguiente figura, el Espíritu Santo.

La siguiente figura representa al Espíritu Santo. El emblema lo forma un círculo en cuyo interior y en pleno vuelo se ha representado una paloma blanca. Se ha establecido una asimilación de caracteres entre la figura portadora y su emblema a través del tratamiento de los ropajes (pliegues muy juntos que se asemejan al plumaje del ave, sobre la túnica viste una capa que cubre su espalda a modo de alas).

La última pareja de vitrales viene representada primero por una imagen femenina, pues cubre sus cabellos con un sencillo velo transparente y es portadora de símbolos de la Pasión: la escalera, la vara con la esponja y la lanza. La lectura no sería otra que el instante en el que la Virgen María, madre del crucificado, oprime contra su vientre los instrumentos pasionales en un gesto de asentimiento de una sentencia impuesta, la del sacrificio de Cristo, ya ejecutada. En esta escena tendría sentido el paralelismo alas–cruz. El paño blanco que vemos en las alas de la figura haría referencia al lienzo que resta sobre la cruz tras el descendimiento de Cristo del madero.

Y por último, la siguiente figura viene calzada con sandalias y su cabeza está tocada por una cinta en tono azul. Estos dos elementos son distintivos de los arcángeles. Sin duda alguna esta figura ha sido elegida por su calidad de mensajero de Dios para el anuncio de la victoria del Resucitado. El tono dorado de las letras que forman el anagrama simboliza la luz que envuelve el momento de la resurrección. Ésta imagen está enfrentada a la figura alegórica de La Piedad, hecho que vendría a reafirmarnos en nuestro juicio Muerte–Resurrección. Del libro Sanatorio de  Los Montalvos: Guía para una Visita.

 

 

 

VIDRIERAS. Lado de la Epístola. A mano derecha la primera imagen viene acompañada por un ánfora, mientras que en el hueco siguiente la figura alada porta un cáliz envuelto en un halo luminoso que contiene en su interior una hostia. El artista, sin duda alguna, ha querido hacernos partícipes del milagro de la consubstanciación. Cristo, muerto en la cruz y ahora presente en la Hostia Sagrada. La representación del ángel que sostiene este emblema destaca por su actitud, firme y enérgica. Todo en él está impregnado de connotaciones triunfalistas: no hay titubeos y dirige su mirada al frente (misma disposición para el emblema). Su fortaleza viene sugerida al dejar al descubierto la pierna derecha, soporte del cuerpo. Y la corona de laurel ciñendo su cabeza no viene sino a confirmar su victoria. En la «batalla» se ha guarecido en su «escudo» con el emblema que le caracteriza y salvaguarda.

Esta figura no es sino la personificación simbólica del triunfo de la Iglesia por medio del milagro que tiene lugar en la celebración del acto eucarístico. Y su victoria la proclama a través de la cinta que, con motivos geométricos, se entrelaza en sus alas a modo de enseña en tono dorado y encarnado. No son colores tomados al azar pues estarían simbolizando la Resurrección del Hijo de Dios.

Esta representación está asociada al emblema anterior, el ánfora recipiente en el que se consagra el vino, según la tradición, el día del Jueves Santo.

Vidrieras Capilla Hospital Los MontalvosLa siguiente pareja de vitrales presenta rasgos muy comunes entre ellos que les diferencian de las vistas hasta el momento. Ambas imágenes se han representado como ángeles portadores de emblemas sin embargo, sobre sus cabezas, además  del nimbo, aparece una pequeña estrella. Otro aspecto distintivo es que las dos figuras visten dalmática. Estos dos elementos, estrella y dalmática son característicos de los diáconos. Las alas en estos dos casos habría que tomarlas como símbolos de identidad del emisario de Dios.

La situada a nuestra derecha es portadora del emblema formado por una exuberante palmera de la que sólo llegamos a ver sus ramas por estar acotada por una barandilla. En la cenefa que decora su casulla advertimos un racimo de vid y sobre éste un objeto cruciforme. El artista ha tomado la casulla como soporte para ofrecernos información adicional al atributo que sustenta entre sus manos. Este recurso nos trae a la mente la figura de San Ildefonso en el cuadro pintado por El Greco. El artista vio en la casulla del santo el marco idóneo para instruirnos en el martirio del dominico San Esteban; estaríamos pues ante una misma asociación de ideas. Por tanto debemos tomar ambos elementos representados en la dalmática del vitral como integrantes de un acto martirial.

En el arte cristiano se ha identificado el fruto de la vid con la figura de Cristo y el lagar donde se estruja este fruto como símbolo de la cruz. El objeto cruciforme representado sobre el racimo de uvas podría estar haciendo referencia al tornillo y prensa del lagar, por tanto, sería una interpretación particular del lagar de la Cruz, donde fluye la sangre redentora de Jesús crucificado. La palmera exuberante que le caracteriza estaría haciendo referencia a la vida del paraíso para todo el género humano, gracia alcanzada por la redención de la sangre de Cristo.

La otra figura porta en su emblema un pozo con polea y acompañado por la herrada para la subida del agua. Aquí se estaría haciendo alusión al episodio del encuentro de Jesús con la samaritana.

De la última pareja de vitrales del lado de la epístola, la primera imagen representada viste casulla (más sencilla que las anteriores), y el emblema presenta un copón.

En la última imagen llama la atención la dulzura con la que estrecha el emblema entre sus brazos. A este amoroso abrazo acompaña el gesto afligido de su rostro. Se muestra cabizbaja, al tiempo que busca amparo en la imagen que le precede. En este gesto advertimos que se cubre los cabellos con un velo. El emblema es una flor de cuatro pétalos de tono encarnado totalmente abierta que deja ver en su interior una pequeña cruz, en una variedad tonal más rojiza que los pétalos. En ellos hemos querido ver una alusión a la Crucifixión de Cristo. Estaríamos pues ante el momento en que la Virgen María acoge en su seno a Cristo ya muerto (representación de La Piedad). En este trance, la Virgen María busca amparo en la figura que le precede, la del evangelista San Juan. Esta imagen ayuda a entender el sentido del emblema anterior, puesto que junto a representaciones de La Piedad aparece con frecuencia aquel cáliz donde se recoge la sangre del crucificado.

Conociendo el significado de esta última imagen y volviendo a los emblemas y figuras anteriores a ella, advertimos que en ellos se puede trazar una secuencia de acontecimientos así; las dos primeras figuras son la alegoría de la Eucaristía de la Última Cena. Los dos Diáconos son los mensajeros de Dios que nos comunican nuestra redención por medio del sacrifico de Cristo al que se aludiría en las dos últimas imágenes. Del libro Sanatorio de  Los Montalvos: Guía para una Visita.

 

Panorámica Capilla Hospital Los Montalvos [desde el Coro]

 

 

SANATORIO DE LOS MONTALVOS - Guía para una Visita

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La Virgen de la Merced

 

    

"Una vez dentro de la planta primera, a mano derecha y al fondo del pabellón central, una puerta ancha y comprimida nos avisa de la ubicación de la capilla. Compuesta de dos hojas divididas en tres registros, en el central se ha tallado el motivo ornamental de la cruz. Cuando accedemos al interior nos encontramos ante un espacio de una sola nave y una altura correspondiente a dos plantas del pabellón.  Frente a nosotros la cabecera presenta una embocadura adintelada, siendo también adintelado su espacio interior al que se accede tras subir tres peldaños. Es un espacio de escasa profundidad de planta trapezoidal. En él se encuentra el altar de mármol negro con betas blancas y en el muro del testero, arrimado a un zócalo de mármol también de forma trapezoidal, contemplamos en sagrario sobre un alto basamento del mismo material y color que el empleado para el altar. Encaramada en el muro de la cabecera aparece la escultura de Nuestra Señora de las Mercedes. Como si fuéramos protagonistas de su aparición milagrosa se nos muestra suspendida en el aire sin basamento que la sustente. Este recurso se estaba imponiendo en muchas de las iglesias que se construyeron en estos años sin duda alguna por el gran protagonismo que habían alcanzado a mediados del siglo dos de las apariciones marianas con mayor resonancia, la de la Virgen de Lourdes y la de la Virgen de Fátima."  Del libro Sanatorio de  Los Montalvos: Guía para una Visita.

      

 

   

 

   

 

   

 

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El Antiguo Cementerio de Los Montalvos

 

Panorámica Antiguo Cementerio Hospital Los Montalvos

 

"El cementerio es un cuadrilátero de ladrillo que delimita el lugar santo, entre colores mojados del otoño. Su ubicación, alejado de la carretera, parece marcarla dos jóvenes cipreses situados, curiosamente, fuera del recinto. La portada es lo único monumental: presenta una cruz de Lorena y una orla donde seguramente figuró un lema religioso hoy desaparecido. En la parte superior, bajo un tejado a dos aguas,  se encontraba la campana. La verja de entrada está abierta. El interior está totalmente abandonado y, entre la maleza, aún quedan panteones y lápidas." Del libro Sanatorio de  Los Montalvos: Guía para una Visita.

El número de tuberculosos fallecidos en el sanatorio en los primeros años fue muy elevado y el traslado al cementerio de Salamanca provocó en la población el miedo a la difusión de la enfermedad por la ciudad; tanto que, a principios de 1950, se prohibió enterrar a los fallecidos procedentes de Los Montalvos. El cementerio de Carrascal de Barregas estaba aún más lejos que el de Salamanca, por lo que el Patronato Nacional Antituberculoso llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento de Carrascal: el Ayuntamiento compró a Vidal Martín Sánchez una parcela de unos 4.000 metros cuadrados en el paraje de Las Encinas, junto al camino de La Golpejera, y la cedió al Patronato para construir el cementerio. Aunque los acuerdos definitivos tardaron en producirse, la primera inhumación se realizó el 23 de marzo de 1950.

Cuando el 2 de abril de 1985 se produjo el último enterramiento, sumaron un total de 1.071 cadáveres. Hasta principios de la década de los setenta el 80% de los fallecidos en el sanatorio eran enterrados en el cementerio, pero desde entonces el número fue disminuyendo progresivamente. El 14 de octubre de 1999 se autorizó la clausura y cierre definitivo del cementerio.

Para las primeras inhumaciones existió un carro fúnebre con tiro de varas para una caballería (más tarde sustituida por un asno) que bajaba desde el sanatorio, en cuya capilla el párroco de Doñinos había oficiado el funeral.

El edificio que aún podemos observar es propiedad del Ayuntamiento de Carrascal de Barregas y en su fachada exhibe el símbolo de la función que cumplía: la Cruz de Lorena. Esta cruz es la de Godofredo de Bouillon, asociada a las cruzadas y, por este motivo, adoptada en 1902 como símbolo de la cruzada internacional contra la tuberculosis.

 

Inaugurado en 1950, cuando el Ayuntamiento de Carrascal de Barregas compró a Vidal Martín un terreno por 3.250 pesetas de la época para allí construir un cementerio y cederlo después al Patronato Nacional Antituberculoso. Así fue y desde entonces muchos de los fallecidos en el Hospital de Los Montalvos fueron enterrados en ese recinto de 4.500 metros cuadrados, hasta que fue clausurado el 19 de Octubre de 1999, aunque la última persona inhumada allí, Francisco Aguado, lo fue el 2 de Abril de 1985.

 


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